
Me gusta la papaya. Está crece en La Moraleja Green y han tenido el detalle de utilizar la portada de Esquire (julio y agosto), junto a algunas de las fotos de Ron Galella para decorar su escaparate. Buen gusto.








Me considero afortunado de poder haber hecho esta foto. Llevaba observando a Elmo en Times Square varios días, con un calor sofocante y lluvia, imperturbable ante el olor de los peanuts. Minutos antes de mi check out lo pillo “hasta los huevos del puto disfraz que le da de comer”, matando al personaje y recuperando la persona. Le pido permiso y le retrato con el Iphone. El 3gs se quedó en el taxi, suerte que en el trayecto al aeropuerto de Newark al descargue en el Macbook. Más simpático que el muñeco. Suerte en Sesame New York Street amigo.


Es una de las profesiones más mitificadas del mundo, (Sabina la evocaba en “El Pirata cojo”). Uno de los taxistas que me ha “manejado” esta vez en Manhattan se llamaba Alberto, nicaragüense, rondando la cincuentena. Un tipo que parecía feliz, y que presumía de ser dueño de su propia licencia. “Pagué por ella hace 15 años 150.000 dólares, ahora te la vendo si quieres por 500.000, es lo que piden). El coche, un Ford, por supuesto, es también suyo. Y como le va bien, por la noche no se lo alquila a nadie. Ni tampoco cuando llegan las vacaciones. Este año en San Francisco. Se fue de Nicaragua con los sandinistas y ya es un “niuyorican”.
En el otro lado, está Mohamed, argelino, que esta mañana me movió también la ciudad. Está estudiando electrónica y conduce para vivir, “pago 150 dólares al día, el gasóleo y las pastillas de freno y lo que saque para mí”. También parece contento, hablando constantemente con su bluetooth, y preguntándome por Inditex y Cepsa. Ahí es nada. “¿Te gusta el raí”. Claro, amigo, me encanta Cheb Khaled. Suerte.


A Graydon Carter no se le espera. El que así habla es el maitre del Waverly Inn and Garden, el restaurante de Chelsea que el canadiense Carter regenta en sus tiempos libres como editor in chief de Vanity Fair (USA).
Mi primera cena en Manhattan es en este sótano oscuro en cuyas paredes aparece dibujado algunos de los clientes del local (Dylan, Cole Porter, Warholl...), entre familias que salen juntas en domingo y gente bien de los alrededores.
La experiencia gastronómica es más bien sosa, la carta es pequeña y poco atrevida, aunque la hamburguesa Waverly cumple las expectativas, pero el local vende la patina de lo exclusivo y a eso se va. No tiene tarjetas, ni teléfono, ni correo electrónico...así que solo puedes comer allí si como yo te acercas y pillas alguna de las cuatro mesas de la terraza o dentro ahí sitio.
Lo más divertido. El posa vasos, sacado de un cartel de la campaña política para la alcaldía de Norman Mailer- frustrada tras casi asesinar, “por accidente”, dijo el juez a su mujer con un abrecartas- y la barra de bebidas en la entrada. Atención lectores, en la barra del restaurante del editor de Vanity Fair, la bienvenida la da Esky, la vieja mascota de Esquire que a menudo reutilizamos en las paginas. It´s a small world Graydon